lunes, 28 de septiembre de 2009

Espera en El y El hará



En el capítulo 19 de 2º. Crónicas habla del Rey de Judá, Josafat, de cómo su corazón íntegro y dispuesto para adorar a Dios, le permitió gobernar y guiar a sus líderes en justicia y paz para el pueblo de Judá; así como tener la autoridad para quitar las imágenes de Asera de aquella tierra donde reinaría.

Sin amargo en el capítulo 20 leemos como hubo un momento en el que el temor invadió el corazón de Josafat ante la noticia que los pueblos cercanos con los que nunca había tenido pleito ahora se levantaban y venían en contra de él.

Afligido, confundido, temeroso corrió y postrándose humilló su rostro delante de Jehová para consultarle. Pregonó ayuno a todo Judá y luego se puso de pie y frente a la asamblea de Judá empezó a declarar a toda voz los atributos y maravillas de su Dios, de todo lo que de El y en El creía y confiadamente y públicamente le dice a Dios:

¡Oh Dios Nuestro!¿No los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerzas contra la grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, pero nuestra confianza está puesta en ti.

Cuántos corazones se sienten como el de Josafat porque estas sufriendo la opresión de los enemigos por todos lados, sintiendo un caos en tu vida, todo lo ves desordenado, las tinieblas te invaden y no te permiten ver la salida y no sabes que hacer.

Has buscado el rostro y la voz del Señor sin encontrar respuesta; mas el Señor que está contigo hoy te dice: No temas, ni te amedrentes delante de esta multitud, porque no es vuestra la guerra sino de Dios. No habrá para qué pelear vosotros este caso, paraos, estad quietos y ved la salvación de Jehová con vosotros.

El Señor tiene la estrategia para vencer a nuestros enemigos; sus planes de maldad se volverán contra ellos y serán confundidos. Hoy como Josafat, demos adoración y alabanza a Dios por la victoria que nos ha dado ya y por la honra que recibiremos frente al adversario porque todos verán que no somos avergonzados los que hemos confiado en Jesús. Amen.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Las recompensas para el vencedor


Indudablemente el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo es para valientes y vencedores. El mismo Jesucristo nos ha dado el mayor ejemplo padeciendo hasta la muerte en la cruz para cumplir con el propósito de Su venida a la tierra; rescatar lo que se había perdido; todo por amor.
Habiendo padecido todo, el es grande en misericordia para no darnos una prueba que no podamos soportar. El nos conoce y nos llevará paso a paso para vencer las pruebas y tribulaciones que se nos presenten, que por difíciles que sean, nunca se compararán a lo que El padeció.
Cuando leemos las escrituras, en Apocalipsis 2 encontramos los mensajes de Dios, El Ángel de la Iglesia, a Su Iglesia y podemos notar que en todo momento el dice: “Al que Venciere” y luego presenta sus hermosas promesas que como recompensa tiene al que venciere. Por supuesto sus promesas son para levantar nuestro corazón con esperanza pero hoy nos detendremos a reflexionar sobre lo que el Ángel de la Iglesia, le dice a la Iglesia de Efeso en Apocalipsis 2.7.
Muchas veces hemos declarado, hemos oído como Jesucristo, a través de su sacrificio nos vuelve a la eternidad, a la inmortalidad que habíamos perdido y en la promesa que encontramos en el verso 7 pues nos dice que al vencedor y quien llegue hasta el final le dará el derecho de comer del árbol de la vida que está en el Paraíso.
Algunas versiones todavía son más específicas y dicen que mes con mes comeremos del árbol de la vida, fuente de vida; lo que quiere decir que somos eternos, inmortales, si y solo si Jesucristo el árbol de la vida, está en nosotros desde ahora, de tal manera que cuando muramos y seamos transformados, nuestra eternidad, dependerá siempre del que nos salvó de la muerte eterna y de las tinieblas aquí en la tierra; Jesucristo Nuestro Señor.
Comeremos, nos alimentaremos y sustentaremos de su inmortalidad y nunca más tendremos sed ni hambre.
Con razón dicen las Escrituras que allá no habrá ni tristeza ni dolor, ni el sol dará su luz, ni la luna su esplendor pues entonces Jesús el Rey de Gloria para siempre nos alumbrará.

El testimonio del cristiano

Desde que Jesucristo llega a nuestras vidas, parte de las enseñanzas de los mensajes que recibimos es Guardar nuestro testimonio.

Esto se convierte en un anhelo para el cristiano y a la vez un conflicto porque constantemente el hijo de Dios es señalado, acusado por hermanos, no digamos por pecadores que deseando abusar de los cristianos lo primero que te recuerdan es el testimonio que ellos desean ver y que por supuesto sea a su favor. Resulta pues muy difícil complacer al mundo pues siempre se esforzarán por ver nuestros pies de barro.

Recuerdo una porción de la Biblia que nos muestra cómo es que muchos no les interesa el buen testimonio de los hijos líderes del Señor; lo ignoran o lo juzgan para justificar su incredulidad en Dios.

En Lucas 16: 27-31 aparece parte de la historia del rico y Lázaro donde el rico le ruega a Abraham envíe a Lázaro a dar testimonio a su familia para que no sufrieran en el infierno como él lo que por incrédulo padecía.

Claramente Abraham le responde acerca del testimonio de Moisés y los profetas que vivían entre ellos y lo difícil que resultaba que esos testimonios ayudaran a la incredulidad de aquel pueblo y que no había manera de persuadirlos.

Acaso no la murmuración del pueblo hebreo en contra de Moisés hizo que se quedaran tirados en medio del desierto a pesar de ver el respaldo y maravillas con las que Dios ayudaba a Moisés.

El testimonio de Moisés de su relación con Dios no era suficiente para aquel pueblo, ni aun para sus hermanos en algún momento.

Y qué del ungido David, siendo conforme al corazón de Dios, su testimonio no fue suficiente para persuadir, para convertir a su rey Saúl, ni a sus hijos, quienes con sus actitudes destruían aquel testimonio.

Pensemos en José, escogido y amado del padre, con un testimonio de soñador que creía a Dios y en Dios, lo que hizo que sus hermanos lo aborrecieran y provocaran tiempos de cautividad y prisión para José, la envidia y maldad de sus hermanos. Sin embargo Dios estaba con él.

Y qué de Aquel que a ellos vino y no le reconocieron, no le recibieron. Aquél Varón que después de curar enfermos, de dar libertad a los cautivos, de quitar vendas a los ciegos y anunciarles ls Buenas Nuevas de Salvación, lo mal informaron, lo insultaron, lo golpearon, lo escupieron, lo crucificaron; con el propósito de destruir el testimonio que de Hijo de Dios tenía.

Entonces, qué hacer ante la sugerencia de guardar nuestro testimonio. Cosa difícil es. Los ciegos no pueden ver, los sordos no pueden oír, a lo malo le dicen bueno y a lo bueno le dicen malo.

Si no han podido ver el testimonio del mismo Cristo de la Gloria para creer en El, cómo podrán ver y creer en nosotros. Si no han podido creer en el hacedor de maravillas, en el Cristo que sana, salva, libera y prospera, qué de nosotros que estamos en proceso de restauración. Entonces lo importante es saber qué cree, qué piensa Cristo de nosotros, porque El es el que levanta nuestra cabeza y nos colma de favores y de honra. Amen.

No estamos solos

Días atrás escuchaba a un gran siervo del Señor que con mucha preocupación, con mucho descontento le preguntaba a los pastores y al los profetas qué estaban haciendo en estos difíciles momentos para alentar a los hijos de Dios que hoy se encuentran tristes, decaídos, confundidos o perplejos ante la maldad de los hombres.

Les preguntaba qué están haciendo para animar, consolar, edificar a esos hijos del Señor que están siendo burlados, avergonzados, porque los endemoniados se han volteado, queriendo destruir de cualquier forma al cristiano y lo que es peor, en ese ejército enfilan hermanos en Cristo. Qué hacen los pastores y líderes cuando hermanos se agrupan y reúnen con impíos en contra de los ungidos de Dios; no importando si es para calumniar, estafar, robar o humillar a aquellos que valen la Sangre de Cristo.

Ahora ya no solo se lucha contra Satanás, los suyos y sus planes de maldad sino contra hermanos que se esfuerzan por lastimar al Cuerpo de Cristo para que heridos rompan su relación con Dios y los dones que han recibido se debiliten, se desquebrajen, se opaquen.

Indiscutiblemente nada nuevo hay debajo del sol dicen las Escrituras en el libro de Eclesiastés porque en Isaías 42.18-22 hace una tremenda llamada de atención a los siervos por la misma situación, un pueblo saqueado y pisoteado, atrapados en cavernas y en cárceles escondidos puestos para despojo y no hay quién los libre dice El Señor: Despojados y no hay quien diga Restituid.

Por tal razón en Isaías 43 El Redentor envía su Palabra para recordarnos que no estamos solos, que aquél que nos salvó no dejará que seamos tocados; hay promesa para aquél que hoy se siente solo, abandonado, señalado, calumniado, amenazado. No temas porque yo te redimí, te puse nombre, mío eres tú dice El Señor.

Cuando pases por las aguas yo estaré contigo y si por los ríos no te anegarás. Cuando pases por el fuego no te quemarás, ni la llama arderá en ti porque yo Jehová tu Dios, el Santo de Israel, soy tu Salvador.

Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí, el que contra ti conspirare, delante de ti caerá, dice El Señor. Isaías 54.15

Ninguna arma forjada contra ti prosperará y condenarás toda lengua que se levante contra ti por juicio. Esta es la heredad de los hijos de Jehová y su salvación de mí vendrá dice Jehová. Aleluya.

Un encuentro personal con Dios

Hace algunos días pasé por un momento muy difícil, donde pude sufrir de la corrupción que sufre mi país en las diferentes instituciones de justicia, provocando en mí un asombro del cual voy saliendo gracias a Dios y su Palabra poderosa. Esto me hizo pensar que la justicia en manos de perversos es un mounstro. Pensé entonces en Moisés y en su actitud frente a aquel poderoso pero perverso gobernador del imperio egipcio y de su valor al enfrentarlo, sabiendo que una palabra de ese Faraón era suficiente para que fuera ejecutado. Habrá sentido temor? Porque es de nosotros tener o sentir temor frente a cosas mayores que nosotros.

Qué movió a Moisés a proseguir con el plan de salvación del pueblo hebreo que se le había encomendado el mismo Dios? No fue acaso aquel momento divino en el Monte Horeb, donde tiene su encuentro personal con el mismo Dios Todopoderoso, el Dios invisible, el Gran Yo Soy y su Palabra y sus promesas hacían de Moisés el varón valiente, seguro y confiado que el que lo había escogido no le iba a fallar.

Es que un encuentro personal con Dios produce la fe; porque la fe es la habilidad y la facultad de ver al Dios invisible (Hebreos 4.27). Cómo es posible que Moisés escogiera una vida de rechazos del mundo y dificultades, dándole mayor valor al vituperio de Cristo, que a todas las riquezas que le ofrecía Egipto. Moisés era el próximo Faraón por ser el hijo de la hija del Faraón y sería el dios de Egipto, mas habiendo visto al Dios verdadero, le resultaba imposible seguir en el camino del error y prefirió el vituperio de Cristo y abandonó todo.

Moisés por la fe pudo ver cumplidas las promesas de Dios, los tesoros en el cielo para él que en nada se comparaban con los de Egipto (Hebreos 11.24-26) y dejó el imperio.

Por eso hoy, no te dejes engañar por la adversidad que Faraón pone delante de ti para matar tus sueños y olvidar aquellas promesas que han salido de la misma boca de Dios, porque no ha sido una buena idea tuya sino el mismo pensamiento de Dios para ti, la respuesta del pacto que un día atrás hiciste con el Todopoderoso.

Las mieles de su amor y su Palabra son más fuertes que las dificultades del enemigo y sus compinches, para que prosigamos, pues nada ni nadie podrá cancelar o anular los planes de bienestar que Dios tiene para sus hijos. Aleluya.

Jesucristo es el Salvador

Si alguno de los atributos de Jesucristo llena mi alma de admiración y esperanza es saber que El es mi Salvador.

Aquel día cuando lo invité a que morara en mi corazón algo nuevo sucedió. Salvó mi espíritu, mi ala y mi cuerpo de toda opresión; salva mis pasiones y pensamientos, mis emociones y sentimientos; salva mis relaciones interpersonales, mis debilidades y fortalezas, mis caídas, tropiezos o deslices; salva mis finanzas; es que El es el Salvador. Me Salva de la acechanza del cazador, de la peste del destructor; me salva del calor abrasador y del frío congelador, es que El es mi Salvador.

Cuando equivocada en mi caminar por el mundo, tirado y derrotado dejé mi futuro en manos de los enemigos y malos negocios; allí estaba Jesús para salvarme y proveer todo lo que me hacía Falta. Hoy el está allí a la par tuya.

Si en noches de desvelos, fiestas o algarabías la salud te fue robada hoy Jesús, por sus llagas te ha sanado, es que El es el Salvador de nuestro ser completo.

Si en aquellos que te rodeaban gastaste o malgastaste lo que había en ti, hasta dejar una copa vacía, no temas, allí está el Salvador que llenará tu copa (tu vida) hasta rebosar.

Y cuando te parezca que tu tiempo se ha terminado allí está el Salvador Jesucristo, dispuesto a restituir el tiempo que se comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta. Y el salvador, Jesucristo mi Señor hará de tu templo postrero uno mejor que el primero y restaurará las ruinas que quedaron. Jesucristo en todo tiempo es el Salvador.

La Autoridad

Hace unos días platicaba con una de mis hijas de los problemas, falta de respeto del resto de sus compañeros hacia el jefe; del disgusto que había porque el jefe delegaba su autoridad en un compañero que era conocido como acosador de jovencitas, abusivo y falto de respeto hacia los demás, a pesar de tener una buena preparación académica.

Meditábamos acerca de lo difícil que es tener autoridad, porque lo más difícil es caminar con rectitud o solvencia e integridad.

Eso nos hizo pensar en los diferentes hombres en los que Dios delegó autoridad o bien en aquellos a quienes los hombres la otorgan. Entonces quedó claro que hay dos clases de autoridad: La formal y la moral.

La autoridad formal tiene límites, es dada.

La autoridad moral: es la que tiene poder porque se obtiene, nos la entregan voluntariamente los que nos rodean por las buenas actitudes, es consecuencia de una buena consciencia que es la voz de Dios.

Recordemos que el ser humano se compone de cuerpo, alma y espíritu (muerto o vivificado) donde el cuerpo es la anatomía, fisiología o morfología; El alma son las emociones y sentimientos; el espíritu, la consciencia, intuición, comunión (de mi espíritu con el Espíritu de Dios)

La consciencia es la que nos dice qué está bueno y qué está mal. La consciencia es la voz de Dios, no se puede descuidar, hay que oírla. Por esta razón la consciencia nunca está de nuestra parte sino de parte de Dios.

De no oírla se cauteriza y nos volvemos mentirosos, engañadores, hipócritas (1 Timoteo 4.2; Tito 1.15-16)

La autoridad moral se basa en la ética, unidad e integridad. Estamos equipados por Dios con principios, inteligencia (física, mental, emocional y espiritual y derecho de elección (libre albedrío) Deuteronomio 28.1.

Quiénes somos pues, cuando nadie nos ve o nadie nos oye? Cómo nos acercamos a Dios ¿Sin doble ánimo? O queriendo callar la conciencia?

Preocupémonos más de la consciencia que de la reputación porque la conciencia nos dice quienes somos y la reputación dice que los demás creen de nosotros por nuestros actos.

Los fariseos tuvieron autoridad formal, Jesús autoridad moral. A él sea la Gloria.