lunes, 28 de septiembre de 2009
Espera en El y El hará
jueves, 24 de septiembre de 2009
Las recompensas para el vencedor
El testimonio del cristiano
Desde que Jesucristo llega a nuestras vidas, parte de las enseñanzas de los mensajes que recibimos es Guardar nuestro testimonio.
Y qué del ungido David, siendo conforme al corazón de Dios, su testimonio no fue suficiente para persuadir, para convertir a su rey Saúl, ni a sus hijos, quienes con sus actitudes destruían aquel testimonio.
No estamos solos
Días atrás escuchaba a un gran siervo del Señor que con mucha preocupación, con mucho descontento le preguntaba a los pastores y al los profetas qué estaban haciendo en estos difíciles momentos para alentar a los hijos de Dios que hoy se encuentran tristes, decaídos, confundidos o perplejos ante la maldad de los hombres.
Les preguntaba qué están haciendo para animar, consolar, edificar a esos hijos del Señor que están siendo burlados, avergonzados, porque los endemoniados se han volteado, queriendo destruir de cualquier forma al cristiano y lo que es peor, en ese ejército enfilan hermanos en Cristo. Qué hacen los pastores y líderes cuando hermanos se agrupan y reúnen con impíos en contra de los ungidos de Dios; no importando si es para calumniar, estafar, robar o humillar a aquellos que valen
Ahora ya no solo se lucha contra Satanás, los suyos y sus planes de maldad sino contra hermanos que se esfuerzan por lastimar al Cuerpo de Cristo para que heridos rompan su relación con Dios y los dones que han recibido se debiliten, se desquebrajen, se opaquen.
Indiscutiblemente nada nuevo hay debajo del sol dicen las Escrituras en el libro de Eclesiastés porque en Isaías 42.18-22 hace una tremenda llamada de atención a los siervos por la misma situación, un pueblo saqueado y pisoteado, atrapados en cavernas y en cárceles escondidos puestos para despojo y no hay quién los libre dice El Señor: Despojados y no hay quien diga Restituid.
Por tal razón en Isaías 43 El Redentor envía su Palabra para recordarnos que no estamos solos, que aquél que nos salvó no dejará que seamos tocados; hay promesa para aquél que hoy se siente solo, abandonado, señalado, calumniado, amenazado. No temas porque yo te redimí, te puse nombre, mío eres tú dice El Señor.
Cuando pases por las aguas yo estaré contigo y si por los ríos no te anegarás. Cuando pases por el fuego no te quemarás, ni la llama arderá en ti porque yo Jehová tu Dios, el Santo de Israel, soy tu Salvador.
Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí, el que contra ti conspirare, delante de ti caerá, dice El Señor. Isaías 54.15
Ninguna arma forjada contra ti prosperará y condenarás toda lengua que se levante contra ti por juicio. Esta es la heredad de los hijos de Jehová y su salvación de mí vendrá dice Jehová. Aleluya.
Un encuentro personal con Dios
Hace algunos días pasé por un momento muy difícil, donde pude sufrir de la corrupción que sufre mi país en las diferentes instituciones de justicia, provocando en mí un asombro del cual voy saliendo gracias a Dios y su Palabra poderosa. Esto me hizo pensar que la justicia en manos de perversos es un mounstro. Pensé entonces en Moisés y en su actitud frente a aquel poderoso pero perverso gobernador del imperio egipcio y de su valor al enfrentarlo, sabiendo que una palabra de ese Faraón era suficiente para que fuera ejecutado. Habrá sentido temor? Porque es de nosotros tener o sentir temor frente a cosas mayores que nosotros.
Qué movió a Moisés a proseguir con el plan de salvación del pueblo hebreo que se le había encomendado el mismo Dios? No fue acaso aquel momento divino en el Monte Horeb, donde tiene su encuentro personal con el mismo Dios Todopoderoso, el Dios invisible, el Gran Yo Soy y su Palabra y sus promesas hacían de Moisés el varón valiente, seguro y confiado que el que lo había escogido no le iba a fallar.
Es que un encuentro personal con Dios produce la fe; porque la fe es la habilidad y la facultad de ver al Dios invisible (Hebreos 4.27). Cómo es posible que Moisés escogiera una vida de rechazos del mundo y dificultades, dándole mayor valor al vituperio de Cristo, que a todas las riquezas que le ofrecía Egipto. Moisés era el próximo Faraón por ser el hijo de la hija del Faraón y sería el dios de Egipto, mas habiendo visto al Dios verdadero, le resultaba imposible seguir en el camino del error y prefirió el vituperio de Cristo y abandonó todo.
Moisés por la fe pudo ver cumplidas las promesas de Dios, los tesoros en el cielo para él que en nada se comparaban con los de Egipto (Hebreos 11.24-26) y dejó el imperio.
Por eso hoy, no te dejes engañar por la adversidad que Faraón pone delante de ti para matar tus sueños y olvidar aquellas promesas que han salido de la misma boca de Dios, porque no ha sido una buena idea tuya sino el mismo pensamiento de Dios para ti, la respuesta del pacto que un día atrás hiciste con el Todopoderoso.
Las mieles de su amor y su Palabra son más fuertes que las dificultades del enemigo y sus compinches, para que prosigamos, pues nada ni nadie podrá cancelar o anular los planes de bienestar que Dios tiene para sus hijos. Aleluya.
Jesucristo es el Salvador
Si alguno de los atributos de Jesucristo llena mi alma de admiración y esperanza es saber que El es mi Salvador.
Aquel día cuando lo invité a que morara en mi corazón algo nuevo sucedió. Salvó mi espíritu, mi ala y mi cuerpo de toda opresión; salva mis pasiones y pensamientos, mis emociones y sentimientos; salva mis relaciones interpersonales, mis debilidades y fortalezas, mis caídas, tropiezos o deslices; salva mis finanzas; es que El es el Salvador. Me Salva de la acechanza del cazador, de la peste del destructor; me salva del calor abrasador y del frío congelador, es que El es mi Salvador.
Cuando equivocada en mi caminar por el mundo, tirado y derrotado dejé mi futuro en manos de los enemigos y malos negocios; allí estaba Jesús para salvarme y proveer todo lo que me hacía Falta. Hoy el está allí a la par tuya.
Si en noches de desvelos, fiestas o algarabías la salud te fue robada hoy Jesús, por sus llagas te ha sanado, es que El es el Salvador de nuestro ser completo.
Si en aquellos que te rodeaban gastaste o malgastaste lo que había en ti, hasta dejar una copa vacía, no temas, allí está el Salvador que llenará tu copa (tu vida) hasta rebosar.
Y cuando te parezca que tu tiempo se ha terminado allí está el Salvador Jesucristo, dispuesto a restituir el tiempo que se comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta. Y el salvador, Jesucristo mi Señor hará de tu templo postrero uno mejor que el primero y restaurará las ruinas que quedaron. Jesucristo en todo tiempo es el Salvador.
La Autoridad
Hace unos días platicaba con una de mis hijas de los problemas, falta de respeto del resto de sus compañeros hacia el jefe; del disgusto que había porque el jefe delegaba su autoridad en un compañero que era conocido como acosador de jovencitas, abusivo y falto de respeto hacia los demás, a pesar de tener una buena preparación académica.
Meditábamos acerca de lo difícil que es tener autoridad, porque lo más difícil es caminar con rectitud o solvencia e integridad.
Eso nos hizo pensar en los diferentes hombres en los que Dios delegó autoridad o bien en aquellos a quienes los hombres la otorgan. Entonces quedó claro que hay dos clases de autoridad: La formal y la moral.
La autoridad formal tiene límites, es dada.
La autoridad moral: es la que tiene poder porque se obtiene, nos la entregan voluntariamente los que nos rodean por las buenas actitudes, es consecuencia de una buena consciencia que es la voz de Dios.
Recordemos que el ser humano se compone de cuerpo, alma y espíritu (muerto o vivificado) donde el cuerpo es la anatomía, fisiología o morfología; El alma son las emociones y sentimientos; el espíritu, la consciencia, intuición, comunión (de mi espíritu con el Espíritu de Dios)
La consciencia es la que nos dice qué está bueno y qué está mal. La consciencia es la voz de Dios, no se puede descuidar, hay que oírla. Por esta razón la consciencia nunca está de nuestra parte sino de parte de Dios.
De no oírla se cauteriza y nos volvemos mentirosos, engañadores, hipócritas (1 Timoteo 4.2; Tito 1.15-16)
La autoridad moral se basa en la ética, unidad e integridad. Estamos equipados por Dios con principios, inteligencia (física, mental, emocional y espiritual y derecho de elección (libre albedrío) Deuteronomio 28.1.
Quiénes somos pues, cuando nadie nos ve o nadie nos oye? Cómo nos acercamos a Dios ¿Sin doble ánimo? O queriendo callar la conciencia?
Preocupémonos más de la consciencia que de la reputación porque la conciencia nos dice quienes somos y la reputación dice que los demás creen de nosotros por nuestros actos.
