jueves, 24 de septiembre de 2009

El Poder de Su Palabra

A menudo confesamos porciones de la Palabra de Dios que creemos haberlas hecho nuestras pero cuando llega la tentación o la prueba pierden sentido, validez y poder para declararlas. Parece que hemos creído a medias.

Parece que hemos creído a medias porque si relacionamos versos de la Palabra que hemos malentendido o no entendido, justamente éstos le quitan validez a otros; todo lo contrario a lo que Jesús con su Palabra tiene para nosotros.

Hay una porción que en este momento de crisis a todo nivel ha surgido como esperanza al hijo de Dios que se encuentra en aflicción; Jeremías 29.11 nos dice: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de bien y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

Pero cuando estamos en momentos de prueba y queremos fortalecernos con la porción también tan usada de Romanos 8.28 y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien… temblamos, lloramos, especulamos si será necesario pasar aquel dolor tan grande, aquella pérdida, esa enfermedad, ese golpe que nos presenta la prueba y nuestro corazón se entristece, confunde, angustia y el no soportarlo nos causa temor y es que nos olvidamos de que nuestro Padre Celestial ha dejado escrito que tiene pensamientos de bien para nosotros y no de mal y que por lo tanto no va a permitir una calamidad en nuestra vida, sino que esa prueba será vencida y pasará y entonces veremos que nos ayuda a bien.

No desfallezca tu corazón, su Palabra es en él si y amén. El no cambia y sus pensamientos de amor, paz y bienestar para sus hijos están escritos en la Biblia para que los recuerdes. No permitirá que la calamidad, que es un plan y un pensamiento contario a él destruya tu fe, corazón y relación con él. No permitas que tu enemigo disfrute viéndote sufrir y dudando de la Palabra de Dios, antes declara sus promesas, decreta y declara los pensamientos de bien que Jehová tiene para ti y las tinieblas saldrán huyendo derrotadas y avergonzadas porque la luz está en ti y en lo que confiesas. Dios no nos trajo hasta aquí para volver atrás, ni seremos avergonzados los que en El hemos confiado.

Hasta aquí nos ayudó Jehová y en el Nombre de Jesús y por su Sangre Preciosa somos salvos, libres, sanos y prosperados. A El sea la Gloria.

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